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Currently Playing: ¿Qué Pasó con la Perra Laika?
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Todos recordamos con mucho cariño a la perra Laika, el primer animal en entrar en órbita. Sin embargo, la historia detrás del “hito” revela una cara oscura de la exploración espacial. Un relato de dolor y maltrato. ¿Qué fue de Laika?
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Referencias y bibliografía:
https://drive.google.com/file/d/1KgS-0O2j9KxgLBCatoyZ5WFqKc4JCxEY/view?usp=drive_link
Video Transcript
En 1961, Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio. En poco menos de 2 horas dio una vuelta a la Tierra. Pero antes que él, un animal ya había entrado en órbita, una perrita laica. Todos recordamos con mucho cariño a esta cosmonauta canina. Sin embargo, Elito revela una cara oculta de la exploración espacial, un relato de dolor y maltrato. ¿Qué fue de la ECA? Vamos a verlo. Pero antes, ejercicio imaginativo. Tú imagínate que hubiera existido internet en tiempos de Laica. ¿Cómo hubiera publicitado el logro la Unión Soviética? Vamos a preguntárselo al generador de sitios web de Hostinger. Antes de nada, dominio laica astronauta. Ahora nos toca darle el prompt. Genera una página web anunciando que la perra laica se convierte en el primer ser vivo en orbitar la Tierra. Lo retocamos un poquito y vamos a probar suerte. Cargando a ver. Laica conquista al cosmos. La perra valiente se eleva como la primera heroína espacial, símbolo del triunfo y la esperanza. Gloria. Eh, más 150. Más 150 de carisma, supongo. Fíjate qué chulo, ¿eh? Ay, si parece a Laica y todo. Laica no solo conquistó el espacio, sino también nuestros corazones. Qué bonito. Un día más. Buenísimo. Hostinger, mis dieces. Ahora creo que hay algunas cosas que tenemos que tocar. Por ejemplo, podemos generar nuevo texto aquí usando las herramientas IA o generar nuevas fotos también. También quitamos esto y ponemos un vídeo arrastrándolo. Así de sencillo. Y también podemos añadir una tienda si queremos. De hecho, Hostinger tiene un producto con printful con el que podríamos montar una tienda de camisetas Print on demand. Envíos a cualquier parte del mundo sin pagar comisiones extra. Vamos, que así de fácil es hacer una página web con Hostinger. Consigue todas estas herramientas usando el plan Business. [música] Si usáis mi código Quantum Fracture, tenéis un descuento en vuestra compra para planes de 48 meses. Lo tenéis en un link en la descripción y en el comentario fijado. Muchas gracias a Hostinger por patrocinar este vídeo y ahora sí, veamos qué sucedió con Like. Aviso antes de seguir. En este vídeo vamos a hablar sobre experimentación con animales. Si eres sensible a estas cosas, tenlo en cuenta. 29 de julio de 1955. El presidente de Estados Unidos anuncia su intención de lanzar el primer satélite artificial al espacio. Apenas 4 días más tarde, la Unión Soviética responde, "Ellos también lanzarán uno." Ambas naciones pretenden hacerlo en el 57 y quieren ser los primeros. Ha comenzado la carrera espacial. Los sovióticos construyeron un satélite bastante guapo de una [música] tonelada, repleto de instrumentos para medir la densidad de la atmófera, su composición, el viento [música] solar y sus campos magnéticos. Pero el proyecto avanza despacio y sus cohetes proporcionan menos impulso del esperado. Temiendo que los estadounidenses les coman la tostada, deciden ir a por algo mucho más sencillo y gracias a eso ganan. El 4 de octubre del 57 lanzan el Sputnic, una esfera de aluminio de 80 kg de peso del tamaño de un balón de playa con cuatro antenas y dos transmisores de radio. Periódicos y televisiones de todo el mundo hablaron de la hazaña. Millones de personas pudieron ver el satélite sobre sus cabezas o captar sus señales. Los soviéticos habían demostrado lo poderosos que eran y su presidente se vino arriba. En un mes tendría lugar el 40 aniversario de la revolución bolchevique que dio lugar a la Unión Soviética. ¿Sería posible lanzar otro satélite para entonces? ¿uno aún más espectacular? El plazo era ajustadísimo, pero el director del programa espacial no solo respondió afirmativamente, sino que subió la apesta. El Sputnic 2 iría tripulado. Iban a poner un perrito en órbita. Menuda ira de olla, pensaréis. Pero lo cierto es que la idea no era tan nueva. Los soviéticos ya llevaban lanzando perros desde el 51, aunque de una forma muy distinta. Mira, seguro que has oído eso de que en el espacio no hay gravedad, como si existiera una especie de umbral y una vez lo cruzaras ya no hubiera gravedad y flotaras como los astronautas. Pues bien, no es verdad. Los humanos hemos decidido que el espacio comienza a unos 100 km de la superficie en la llamada línea de Carman. Y a esa altura [música] la tracción de la Tierra todavía es muy intensa. Así que si mandamos algo hasta ahí, lo normal es que vuelva a caer a la superficie. Es lo que se llama un vuelo suborbital. Pero ojo, si el objeto tiene una velocidad lateral muy alta, la cosa cambia. Fijaos, la Tierra sigue atrayéndolo intentando hacerlo caer, pero el objeto va tan rápido que pasa de largo, falla la caída. La gravedad de la Tierra curva su trayectoria una y otra vez y así lo mantiene dando vueltas alrededor suyo. Ha entrado en órbita. Orbitar no es más que caer y no acertar nunca. Todos los animales que habían viajado al espacio hasta 1957 lo habían hecho en vuelos suborbitales. El cohete subía, alcanzaba una altura máxima y volvía a bajar. Un parkaídas permitía al aterrizar sano y salvo si todo iba bien. Lamentablemente no siempre era así. A veces el cohete explotaba o se desviaba de su trayectoria y había que destruirlo o simplemente el paracaídas no se desplegaba. Muchos animales murieron. Durante esos años, los soviéticos realizaron unos 20 vuelos con perros, [música] mientras que los estadounidenses lanzaron monos y ratones. Aunque los primeros animales en cruzar la línea de Carman fueron unas moscas de la fruta. Pero, ¿por qué esa manía de lanzar animales a las alturas? Déjame que te cuente una historia. 1783, los hermanos mongolfier habían inventado el globo aerostático. Tras unas cuantas pruebas exitosas, realizarían una demostración frente al rey de Francia. Era la ocasión perfecta para probar por primera vez un vuelo tripulado, pero como no sabían si sería peligroso, lo que hicieron fue meter en la cesta a una oveja, un pato y un gallo. El globo recorrió unos 4 km antes de descender. Parece que con los animales en perfecto estado. La motivación para lanzar animales al espacio era la misma. ¿Podría un animal aguantar las grandes aceleraciones del despegue? ¿Cómo le afectaría la falta de oxígeno, la microgravedad? O la radiación cósmica aguantaría mucho en un habitáculo tan pequeño. Solo había una forma de averiguarlo sin arriesgar vidas humanas usando animales como conejillos de indias. Pero volvamos a nuestra historia. Aunque el Sputnic había sido un éxito, poner un perro en órbita era un reto mucho mayor. Era algo que tenían pensado hacer, pero ahora disponían solo de un mes. Y sorprendentemente lo lograron. Por suerte, los animales ya estaban preparados. Pero, ¿de dónde salían los perros del programa espacial soviético? Básicamente de las calles de Moscú. Eran chuchos callejeros acostumbrados al frío y al hambre, a apañárselas solos. La idea era que esos animales las habían pasado tan canutas que resistirían mejor las duras condiciones de un vuelo espacial. Los perros no debían ser ni muy jóvenes ni muy viejos, lo bastante pequeños como para caber en las cápsulas espaciales y con el pelaje claro para poder distinguirlos bien en las películas en blanco y negro que se filmaban durante los vuelos. Ah, y todas eran hembras. Y es que la bolsa que utilizaban para recoger la orina y las eces se adaptaba mejor a su anatomía. El entrenamiento de los perros era algo digno de funa. Los mantenían en cajas pequeñísimas durante periodos cada vez más largos de hasta 20 días. Y es que en la cápsula tendrían muy poco espacio. Apenas podrían levantarse y tumbarse y moverse un poco adelante y atrás. También los metían en centrifugadoras, máquinas que daban vueltas a toda velocidad para recrear las aceleraciones que experimentarían durante el lanzamiento. Los ataban a plataformas vibradoras que reproducían el traqueteo y el ruido del cohete y los introducían en cápsulas presurizadas donde podían variar la presión, temperatura y concentración de oxígeno. Los perros soportaban todo esto como podían. Su respiración se aceleraba, su corazón se disparaba. Algunos se mostraban muy agitados, otros dejaban de hacer sus necesidades. En general, su estado empeoraba, pero unos lo llevaban mejor que otros. Y así se escogió tres finalistas para participar en el Sputnic 2. Albina, una veterana que ya había participado en dos vuelos suborbitales, parecía la candidata perfecta, pero acababa de tener cachorros. A los científicos les pareció demasiado cruel separarla de ellos, así que decidieron enviar a una perrita mestiza de unos 3 años y 5 kg de peso, una perra tranquila y dócil llamada cudriazca, que en ruso significa rizadita, pero que acabaría pasando a la historia con otro nombre, laica o pequeña ladradora. Albina la sustituiría en caso de que no pudiera viajar. Para controlar las constantes vitales y reacciones de Laica durante el vuelo, también le hicieron algunas perrerías. La operaron para acercar la carótida a la piel y poder medir la tensión arterial. Le implantaron electrodos bajo el pecho con cables que le salían por la espalda para observar su ritmo cardíaco. Su respiración se controlaría mediante un arnés especial. Un cable atado a él y conectado por un muelle detectaría sus movimientos. Todos estos datos se compararían con los de la tercera finalista. musca mosquita, que permanecería en tierra como perro de control. Mientras los ingenieros trabajaban a destajo en la construcción del satélite, no había tiempos para comprobaciones o planos detallados. Se guiaron por vocetos arreglando problemas sobre la marcha y ajustando cosas por prueba y error. Tuvieron que hacer algunas concesiones. La principal fue esta. No había forma alguna de traer de vuelta Laica. En los vuelos suborbitales tenían la cosa bastante apañada. Sabían perfectamente cómo rescatar a los animales, aunque luego las cosas pudieran complicarse. Pero los vuelos orbitales era terreno inexplorado. No tenían la tecnología necesaria para devolver el satélite a casa. Sería un viaje solo de ida. Terrible perspectiva. Al final les quedó un satélite grandecito. El Sputnck 2 era un cono metálico de unos 4 m de largo y seis veces más pesado que su predecesor. La cápsula hermética donde viajaría Laica era una especie de cilindro de 80 por 60 cm. Ciertamente no era una suite. Tenía un sistema para controlar la temperatura y otro para regenerar el aire que produciría oxígeno durante 7 días. Ese fue el tiempo que le dieron a [música] Laica. le pondrían comida para una semana, un gel nutritivo que también [música] cubriría sus necesidades de agua y para no instalar un dispensador, la tendría disponible todo el tiempo. Ya sabría [música] ella cómo racionarla. Encima de la cápsula, una esfera similar al Sputnic original contenía la electrónica necesaria para transmitir señales de radio y registrar la temperatura de la cápsula. Arriba del todo había un recipiente con dos instrumentos científicos, espectrómetros para medir la radiación solar y los rayos cósmicos. La fecha del lanzamiento se acercaba y [música] el responsable de entrenar a los perros hizo algo inesperado. Antes de su vuelo llevé a Laica a casa y se la enseñé a los niños. Jugaron con ella y la acariciaron. Quería hacer algo bonito por ella, ya que no le quedaba mucho tiempo de vida. Y es que parece que los científicos del programa espacial soviético realmente apreciaban a sus perros, aunque lo hicieran de un modo un tanto retorcido. Tres días antes del despegue, llevaron a Laica a la plataforma de lanzamiento y la metieron en su cápsula. Allí esperó pacientemente a que los ingenieros realizaran las últimas comprobaciones y por fin el 3 de noviembre el Sputnic 2 se elevó hacia los cielos. Fue todo un éxito. El satélite entró en una órbita elíptica y comenzó a transmitir señales. Daba una vuelta a la Tierra en poco más de una hora y media. En cuanto al Aica, aunque al principio su ritmo cardíaco y su respiración se dispararon, lentamente volvieron a la normalidad. Los datos indicaban que seguía viva y que la microgravedad no había afectado sus funciones vitales, algo importante de cara a enviar personas al espacio. La maquinaria propagandística soviética se encargó de difundir elito y los periódicos de todo el mundo se hicieron eco. Al principio no se preocuparon demasiado del destino de Laica, aunque pronto comenzaron a hablar de ello. El New York Times publicó que seguía viva y quizá podrían devolverla a la Tierra. Algunos artículos daban esperanzas, recordando que los perros que habían participado en los vuelos suborbitales habían regresado en paracaídas. [música] Otros eran más pesimistas. Aunque la preocupación por el bienestar de los animales seguía muy lejos de los niveles actuales, varias asociaciones animalistas pusieron el grito en el cielo, sobre todo en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Algunas embajadas soviéticas registraron protestas y en Nueva York se organizaron piquetes enfrente de la sede de la ONU. Mientras la URSS no daba demasiadas actualizaciones sobre Laica. 4 días después del lanzamiento seguían diciendo que estaba viva. Y finalmente, el 12 de noviembre los medios soviéticos confirmaron lo inevitable. Laica había fallecido. Las causas y el momento de la muerte nunca llegaron a estar claras. Las publicaciones soviéticas proporcionaron distintas versiones. Algunas afirmaban que Laica murió al cabo de una semana al quedarse sin oxígeno. Otras que la habían sacrificado con comida envenenada mucho antes de que eso pasara. La triste realidad no se conoció hasta mucho después. Parece que una vez en órbita, la temperatura de la cápsula fue subiendo hasta superar los 40º. Los sensores indicaban que Laica estaba muy agitada y ladraba. Entre 5 y 7 horas después del despegue cesaron los signos vitales. Laica había muerto por el calor tras completar apenas tres órbitas. Lo reveló en 2002 uno de los científicos del proyecto. Era prácticamente imposible crear un sistema de control de la temperatura fiable en tan poco tiempo, admitió, los restos de Laica continuarían girando en torno a la Tierra durante más de 5 meses. Finalmente, tras dar 2570 vueltas a nuestro planeta, el Sputnic 2 reingresó en la atmósfera y se desintegró. Es realmente terrible pensarlo. Creo que todos estaremos de acuerdo en una cosa. La misión de La ECA, tal y como sucedió con nuestros valores modernos, es indefendible. Y así también lo entendió uno de los científicos que la entrenaron, que en 1998 declaró, "Cuanto más tiempo pasa, más lo lamento. No deberíamos haberlo hecho. No aprendimos lo suficiente de esta misión como para justificar la muerte del perro." Eso me lleva a una pregunta. ¿Podría volver a ocurrir algo así? Parece imposible. Hoy en día la experimentación con animales se rige por las tres R: reemplazo, reducción y refinamiento. Es decir, se deben emplear métodos que eviten el uso de animales o reduzcan su número y que minimicen su sufrimiento. Y todas las agencias científicas siguen directrices muy estrictas respecto a este tema. En el contexto del espacio tenemos, por ejemplo, las del COSpar. Entre otras cosas, recomiendan usar modelos matemáticos, simulaciones o sistemas in vitro siempre que sea posible. Señala que los animales que vayan a sentir dolor o angustia prolongados deben irse dados y apunta que los animales son seres sensibles y debemos pensar que los procedimientos que causarían dolor, miedo o incomodidad a una persona también se lo provocarán a ellos. En cualquier caso, [música] el uso de animales para investigación científica, incluso cuando sirve para obtener información valiosa, sigue siendo un debate abierto y exige justificaciones sólidas. Después de Laica, otros ocho perros entraron en órbita antes de que la Unión Soviética se atreviera a lanzar a Gagarin, abriendo así la era de la exploración espacial. Seis [música] de ellos regresaron con vida. Pero lo más importante es que desde ese momento nunca más se lanzó a un animal sin tener [música] un plan para traerlo de vuelta. Tal vez ese sea el mayor legado que nos dejó Laika. Y ya sabes, si quieres más ciencia, solo tienes que suscribirte. Y muchas gracias por vernos.